En el bullicio no se nota la soledad.
No planta bandera mostrándose.
Hasta pareciera que no existiera;
pero está más latente que nunca
esperando el silencio, esperando el traspié.
Y ahí si... planta bandera, te come desde adentro,
te pesa en la espalda, te desacelera el paso.
Cerras los ojos con la esperanza de que no esté,
pero ahí esta esperando
para darte el cachetazo...
que te sucumbe a lo más profundo.
A ese lugar que no existiría si no hubiera soledad.

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